Opinion 01 JUNE, 2026

Editorial [la abigarrada] v1.0

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Bolivia: La insurrección popular que América Latina no puede ignorar

El bloque nacional popular en Bolivia ha recuperado su capacidad de veto sobre las decisiones estratégicas del Estado boliviano y lo está ejerciendo. La soberanía reside en el pueblo y, en última instancia, se ejerce de manera directa.

Hoy [la abigarrada] como laboratorio de pensamiento político, antifascista, anticolonial, antirracista y feminista, publica su primer editorial. Lo hacemos en un momento en que el Estado Plurinacional de Bolivia vive una insurrección popular que mantiene bloqueadas las principales rutas del país, con un paro general que ya lleva más de treinta días y una exigencia popular clara: la renuncia del presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira.

El 31 de mayo la Central Obrera Boliviana (COB), en un ampliado de emergencia, ratificó las movilizaciones de forma unánime, decidió rechazar el diálogo con el Gobierno y habilitar corredores humanitarios para garantizar el paso de alimentos, medicamentos, oxígeno y combustible.

La potencia de esta insurrección reside en su “densidad abigarrada” que no puede ser ignorada. El bloque nacional popular en Bolivia ha recuperado su capacidad de veto sobre las decisiones estratégicas del Estado boliviano y lo está ejerciendo. La soberanía reside en el pueblo y, en última instancia, se ejerce de manera directa.

La potencia de esta insurrección reside en su densidad abigarrada ... la superposición de memorias, tiempos y formas de lucha

Lo que ocurre en Bolivia es la respuesta a una ola autoritaria que recorre América Latina bajo la sombra de Donald Trump desde Estados Unidos y que gana forma en un nuevo autoritarismo neoliberal de ultraderecha. Ante este escenario de alcance continental, el pueblo boliviano claramente nos demuestra que no hay lucha sindical, indígena, obrera y feminista sin confrontación con el orden imperial.

La superposición de memorias, tiempos y formas de lucha que Bolivia ha cultivado durante décadas — la Marcha por la Vida, la Marcha por el Territorio y la Dignidad, la Guerra del Agua, la Guerra del Gas, la defensa de la democracia durante el golpe de Estado de 2019, los ciclos de resistencia indígena, originaria, campesina y obrera— son también un espejo de las contradicciones que hoy nuevamente recorren todo el continente, y que van moviéndose entre la democracia y el autoritarismo, entre la soberanía popular y la subordinación, entre la memoria de las masacres y su amenaza de repetición.

Rodrigo Paz Pereira llegó al poder con un discurso de estabilidad dirigido a las masas populares. En pocos meses traicionó las promesas a las que debe su mandato, gobernando por decretos, implementando un ajuste fiscal, la eliminación de impuestos a las grandes fortunas, la eliminación de subsidios, el intento de volver al latifundio a través de una ley inconstitucional que vulnera la propiedad comunitaria e indígena y la criminalización de la protesta. Estas medidas han caracterizado la gestión de Rodrigo Paz desde inicio, alineando su gobierno con la agenda neoliberal de ultraderecha de Javier Milei, Nayib Bukele y Daniel Noboa, sumando a Bolivia a la alianza militar “Escudo de las Américas”, impulsada por Estados Unidos.

La Convención Americana que exige que los estados de excepción sean proporcionales, temporales y estrictamente necesarios.

Apenas la semana pasada, la Asamblea Legislativa Plurinacional boliviana abrogó la Ley 1341, que significaba un escudo democrático y que determinaba candados al poder para que nunca más un gobierno imponga el “estado de excepción” para reprimir al pueblo boliviano ejerciendo su legítimo derecho a la protesta, tal como pasó en las masacres de Sacaba y Senkata en el año 2019.

La ley abrogada viola el principio de no regresión del derecho internacional (artículo 26 de la Convención Americana) y en específico el artículo 27 de la misma Convención, que exige que los estados de excepción sean proporcionales, temporales y estrictamente necesarios. Además, contradice las recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que tras documentar las masacres de Sacaba y Senkata de 2019, instó al Estado boliviano a garantizar la no repetición.

Esta decisión no es un hecho aislado. Es la aplicación de una receta, o manual, que Washington dicta en el contexto del “Escudo de las Américas”, en la que los países miembros deben desmantelar sus candados jurídicos, e incluso constitucionales, para ceder la soberanía territorial y política y militarizar la seguridad interna sin controles democráticos. Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador ya ensayaron el modelo. Con la abrogación de la Ley 1341 ahora en Bolivia el presidente puede pedir la intervención de las Fuerzas Armadas sin que la fuerza policial haya sido superada, sin control por la Asamblea ni límite temporal. La amenaza de una represión violenta con uso de fuerza letal es una posibilidad real e inminente.

El momento de acompañar al pueblo boliviano es ahora.

En este ciclo inaugural [la abigarrada] asume una línea clara: la convicción que América Latina se construye desde sus pueblos. Ante un cerco mediático de los medios hegemónicos que controla el Gobierno boliviano y la presión externa de Estados Unidos, el momento de acompañar al pueblo boliviano es ahora.

Desde [la abigarrada] acompañamos a las compañeras y compañeros que sostienen los piquetes de huelga, a los hermanos y hermanas aymaras y quechuas, a los movimientos indígenas y campesinos de tierras bajas que marcharon hasta La Paz por la abrogración de la ley latifundista no. 1720, los obreros, campesinos, mineros, maestros rurales y urbanos que están ahora mismo en las movilizaciones, a las mujeres que mantienen las ollas comunes, a las y los jóvenes universitarios, colectivos feministas y otros movimientos sociales que sostienen la lucha del pueblo boliviano.

Con Bolivia. Con los pueblos movilizados.
Por una América Plurinacional.

Grupo Editorial de [la abigarrada]
Ciudad de México, 1 de junio de 2026

Sobre el autor

[la abigarrada]

Somos un laboratorio de pensamiento político, crítico, antifascista, anticolonial y feminista que actua de forma colectiva y en defensa de una América plurinacional. Nacimos bajo la consigna de defender la plurinacionalidad, la memoria histórica, la soberanía cultural, las luchas por los territorios indígenas y la justicia plural de nuestros pueblos. Nos articulamos para combatir la proliferación del fascismo y de las nuevas ultraderechas, de las narrativas de odio, anti-derechos, neocoloniales, y de las injerencias imperialistas.