EDITORIAL v 2.0 - En defensa de una América plurinacional
América Latina no es una región homogénea, se constituye como heterogeneidad, es una superposición múltiple de tiempos históricos, de modos de producción y de cosmovisiones que conviven en tensión permanente. En esta densidad abigarrada, en esta suerte de coexistencia –a veces articulada, a veces desarticulada–, se condensa nuestra potencia política, identitaria, intercultural y plurinacional latinoamericana.
Estados Unidos y el actual gobierno de Donald Trump han inaugurado un modelo de capitalismo salvaje y depredador que reclama a América Latina como su "patio trasero", codiciado por su cercanía geográfica y su riqueza de recursos naturales. Al mismo tiempo la considera como territorio en disputa contra el "enemigo" chino. Ante semejante escenario, para nosotros la disyuntiva no se dirime simplemente entre derecha e izquierda, sino entre sumisión al nuevo orden imperialista o construcción de un proyecto de soberanía latinoamericana, plurinacional y popular. Ante semejante escenario no parece haber opción.
La nueva ola de dominación
Para entender la embestida de la ultraderecha que ya opera en la región, hay que observar sus tres ejes que actuan juntos: la ola de la ultraderecha funciona como un dispositivo cívico-militar para reprimir las luchas populares; el "Escudo de las Américas" funciona como mecanismo para la militarización de nuestros territorios y para la injerencia política y militar de Estados Unidos; y la crisis del multilateralismo, que finalmente constituye una coartada ideológica.
La ultraderecha regional: La posesión de Bukele, Milei, Noboa, Paz, Kast, De la Espriella o Fujimori en sus respectivos países no son el objetivo final de Washington: son el dispositivo intermediador para reprimir las luchas populares, perseguir y proscribir candidatos del bloque nacional popular.
Estos gobiernos de ultraderecha no llegan para gobernar “obedeciendo al pueblo”, lo hacen en contraposición a la soberanía y autodeterminación de los pueblos. Llegan para desmantelar las legislaciones que conceden garantías constitucionales, criminalizan la protesta y fijan una agenda política de racismo de Estado, donde el oponente político no es oposición, pero es el “enemigo interno” que debe ser perseguido y disciplinado por la propia estructura del Estado. Su función tiene una perspectiva dual: por un lado, desarticular los movimientos populares; por el otro, allanar el terreno jurídico y político para que la intervención extranjera no encuentre diques normativos.
Estos gobiernos de ultraderecha tienen un común denominador: cambian sus leyes internas para decretar estados de excepción, crean fueros policiales y militares para la impunidad de los actos de las fuerzas armadas y policía, para posibilitar la militarización y los permisos para las bases militares estadounidenses. Estos gobiernos no solo callan ante la injerencia de Estados Unidos, por el contrario, presentan su sumisión como logro político y "alineamiento estratégico".
El ’Escudo de las Américas’: Trump por su lado interfiere abiertamente y felicita a los nuevos líderes afines antes de terminar los conteos de votos en elecciones presidenciales. Con el apoyo significativo de redes sociales y la prensa local, consolida una nueva alianza internacional de ultraderecha llamada "Escudo de las Américas", que fue presentada al mundo como espectáculo y anunciada oficialmente el 7 de marzo de este año en Doral-Miami. Pero esta alianza de carácter político-militar no es una alianza de iguales: es un mecanismo de subordinación militar donde 12 presidentes latinoamericanos, afines a Donald Trump, se alinearon con la Casa Blanca.
La ausencia de México, Brasil y Colombia (aún bajo Petro) —que concentran la mitad del PIB regional de Latinoamérica,— es notable. Trump lo enmarcó sin eufemismos: “La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos”. La injerencia es el método. El objetivo declarado de "poner fin a la injerencia extranjera en nuestro hemisferio" es un mensaje dirigido directamente a China, por encima de nuestras cabezas, en un contexto geopolítico en el que tampoco las lideranzas latinoamericanas parecen tener ni voz ni voto.
Crisis del multilateralismo: En un momento de crisis del multilateralismo y del derecho internacional, tanto la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) se han mostrado funcionales a los intereses de países imperialistas. Ejemplos claros de esta afirmación son la falta de acciones concretas y efectivas de Naciones Unidas que pongan freno a el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, por un lado, la incapacidad de mediación ante escaladas bélicas, o la contemplación –e incluso el auspicio– de la OEA a golpes de Estado en el Sur Global, como en el caso específico de Bolivia en el año 2019, que contó con la injerencia directa del ex Secretario General Luis Almagro. En medio de lo que podemos llamar la peor crisis del multilateralismo desde la II Guerra Mundial, el “Escudo de las Américas” se convierte en nada menos que una coartada ideológica.
Esta coartada ideológica ha proliferado la narrativa de Trump desde Washington sobre nuestros países, para legitimar políticamente la estrategia intervencionista y el dispositivo geopolítico del imperialismo estadounidense, con el fin de deshacerse de los mecanismos multilaterales. Finalmente, el multilateralismo (ONU, OEA, tratados, derecho internacional, entre otros) por definición y por mandato, debería tener la función de limitar el poder de acción unilateral. Sin embargo, este eño en la Conferencia de Seguridad de Múnich el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, –en una histórica intervención en la que alentó a los estados europeos a retornar al colonialismo imperial– lo dijo claramente: “El multilateralismo es un engaño peligroso, no sirve, es obsoleto, solo beneficia a nuestros enemigos”. – ¿Quiénes son los enemigos? ¿Nosotros? ¿Los colonizados?
Por tanto, el “Escudo de las Américas” es el mecanismo que pretende habilitar a los Estados Unidos para poder actuar sin restricciones en territorio soberano de los países latinoamericanos. Se abandona la cooperación y el derecho internacional, reivindicando el pasado colonial y sus genocidios sin culpa, justificando así una política cada vez más agresiva y punitivista. Este vacío, tanto político como ético, deja al Sur Global sin mecanismos de contención. Por eso, mientras el imperio se recicla en clave autoritaria y en alianza con las oligarquías locales, la respuesta tiene que venir desde las bases populares y desde la unidad soberana de nuestros pueblos a nivel latinoamericano: son clave fundamental para retomar las riendas y reivindicar el destino de nuestra America plurinacional.
La Internacional del odio
Detrás de esta ofensiva de autoritarismo de ultraderecha hay una internacional del odio, que no se limita a la política gubernamental. Es una maquinaria cultural y mediática, que alimenta el racismo, la xenofobia, el patriarcado y la homofobia como herramientas de disciplinamiento social. Los discursos de odio son el lenguaje principal de esta ofensiva y preparan el terreno para la represión. Criminalizar la protesta, estigmatizar a los movimientos indígenas y feministas, y naturalizar la violencia de Estado son parte de un mismo dispositivo. La ultraderecha no solo gobierna: fabrica consenso para el autoritarismo y alenta la formación de grupos paramilitares y de violencia civil.
La soberanía se teje en los cuerpos y los territorios
La soberanía latinoamericana se teje en los cuerpos y en los territorios de los pueblos de la América Plurinacional. La injerencia imperialista afecta de sobremanera a las mujeres, a las comunidades indígenas y a las economías populares. Solo los procesos de emancipación latinoamericana y plurinacional pueden lograr romper la alianza entre el imperio y las élites conservadora locales. La lucha antiimperialista es inseparable de la lucha de clases, de las luchas feministas y antirracistas, y de la lucha por los derechos de la naturaleza y contra el adultocentrismo.
Por eso, la integración latinoamericana —esa vieja promesa de reivindicar “nuestra América”— solo será efectiva si es popular, si es feminista, si es cuir, si es indígena, si es comunitaria, y si se integra de manera plena a las, les y los jóvenes, respetando sus saberes y deseos, sus perspectivas e ideales generacionales como promesas de renovación política, sindical y popular.
La unión de las luchas latinoamericanas, la memoria histórica de nuestros procesos constituyentes que han refundado estados soberanos, laicos, plurales, interculturales y plurinacionales, asi como la luchas emancipatorias, levantamientos y rebeliones populares de nuestras ancestras y ancestros, los estallidos juveniles que recorren la región, esta densidad abigarrada es la voluntad colectiva en defensa de nuestra América plurinacional.
Abigarramiento y resistencia
En este segundo ciclo, [la abigarrada] reune voces y perspectivas que buscan tejer soberanía desde los cuerpos y territorios, desde la desobediencia civil, desde la organización comunitaria y soberana, en respeto a nuestras constituciones y marcos normativos del derecho internacional. Si somos, es porque resistimos. Ante el presente escenario no hay opción.
Equipo Editorial [la abigarrada] - Ciudad de México, 6 de julio de 2026
Sobre el autor
[la abigarrada]
Somos un laboratorio de pensamiento político, crítico, antifascista, anticolonial y feminista que actua de forma colectiva y en defensa de una América plurinacional. Nacimos bajo la consigna de defender la plurinacionalidad, la memoria histórica, la soberanía cultural, las luchas por los territorios indígenas y la justicia plural de nuestros pueblos. Nos articulamos para combatir la proliferación del fascismo y de las nuevas ultraderechas, de las narrativas de odio, anti-derechos, neocoloniales, y de las injerencias imperialistas.